Thursday, March 10, 2005

Mientras tanto, divirtámonos

Alguna vez os ha ocurrido que al ir a ver un concierto, un olor a perfume, desodorante, comida o a cualquier otra cosa, os ha hecho asociar al grupo que toca con esa fragancia en particular??? A mí me ocurre todas y cada una de las veces que acudo a recitales de este tipo. Recuerdo particularmente un concierto de los planetas en que un olor a pachuli me estuvo fastidiando todo el tiempo (ya sabeís que había un master del universo de nombre "stinkor", cuya arma era su mal olor, que estaba inundado de ese extracto) y no pude evitar pensar que J y Floren se aplicaban concienzudamente botellas y botellas por todo el cuerpo... bueno, los andaluces medio hippies y los que no son tan andaluces son muy aficionados al pachuli; luego vienen los conciertos punkrockeros de modernillos y postoleros de postín que huelen a Hugo Boss`"Rush" o "Prime" o a lo que sea que sea caro... Interpol.
Pero Wilco... olían a paletilla de cordero cuando tienes hambre, a suavizante tras un largo viaje, a cuello de mujer tras mucho tiempo durmiendo solo y a gasolina, mucha gasolina ardiendo.

Monday, March 07, 2005

Carrots, adiós juguetes...

Carrots han dejado de existir, o por lo menos eso es lo que dicen ellos con cara incrédula y gesto resignado. Fuí al concierto de despedida en la Bikini sin saber muy bien que es lo que me iba a encontrar; temía, por un lado, que el ambiente depresivo que reina en los eventos de este tipo me aguara el buen humor que llevaba puesto; esperaba, por el otro, que ellos estuvieran fantásticos en su canto del cisne en tan afamado garito de conciertos (la acústica de la sala Bikini es algo simplemente increíble)... hubo un poco de las dos cosas.

El concierto fue fantástico. Comenzaron atacando con repertorio de su primer disco "Saving Chocolate Coins", bombardeando al nutrido público con delirios psicodélicos bien medidos y ensayados, respaldados por el primer batería que tuvieron oficialmente (después vendrían muchos más). Yo por mi parte ya llevaba una caraja considerable y estuve un buen rato tratando de descifrar como funcionaba la máquina automática de cigarrillos, la cuál me discutía una vez y otra el precio de mi selección y mi mano buscaba y mi cabeza no entendía de sumas y restas y al final le dejé una buena propina aunque no se la merecía.
Al volver a mi posición en la audiencia, los oficiantes ya se encaramaban a otros éxitos de su repertorio, de signo distinto pero primo hermano del con que empezaron el concierto. "Sunshine" sonó, anunciada por Willy como "...tal vez lo mejor que hemos hecho en nuestras vidas", alucinante y el público respondió en concordancia con lo que pasaba por las tablas. Aplausos y gritos de "inconscientes!!!" sonaban a mi alrededor... yo ya hacía un rato que veía peces volando a turboreacción y platos gigantescos de osobuco en salsa.
Tras los bises, nos fuimos al camerino a felicitarles y la incoherencia propia de las fiestas de backstage comenzó a campar a sus anchas. Había un halo de tristeza que estuve persiguiendo un buen rato, pero justo cuando le iba a pegar un par de collejas, se me agarrotó la mano y pasó un cuervo volando bajo... siempre hago caso de los augurios y dejé en paz al halo y volví al lado de mis amigos a comprobar de que charlaban. No pude evitar relacionar esta desbandada a la que yo mismo sufrí con "El Diablo En El Ojo" , aunque la nuestra resultó menos anunciada y por eso, tal vez, menos nostálgica.

Esto de la música popular...

Wednesday, March 02, 2005

Kato Kiyomasa, el quillaco samurai

Hay cientos de salvajes desconocidos en este mundo, centenares de bestias balcánicas, montones de contras nicaragüenses, alemanes desbocados y largos etcéteras. Entre esos anónimos constructores de yerros y aciertos, penas y glorias, matanzas y ceremonias encontramos a uno que particularmente llama mi atención: Kato Kiyomasa, Daimyo de la provincia de Higo, valorada en 250000 kokus y uno de los personajes más notables y novelescos del periodo Sengoku previo a la unificación empezada por Oda Nobunaga y concretada por los Tokuwaga, es decir hacia la segunda mitad del siglo XVI de nuestra era.
Nuestro entrañable personaje de hoy es conocido por su violencia, su ortodoxia en el Bushido, su fe ciega en la secta Nichiren que le llevó a participar de la más activa de las maneras en el holocausto cristiano en la isla de Kyushu y su conocido duelo personal con Niiro Tadamoto en la batalla de Sendaigawa al cuál derrotó y perdonó dada la celebridad como samurai del vencido.
Su vida es la propia de un aventurero general del periodo de los reinos combatientes: intrigante, sangrienta, incongruente a la japonesa y anónima fuera de los ciírculos culturales japoneses. Participó en uno de los episodios histórico más delirantes con los que he tenido el placer de encontrarme, la invasión de Corea por parte de las tropas combinadas de diversos Daimyos bajo el mandato del enloquecido Hideyoshi. Una guerra frenética y epiléptica que llevó a nuestro protagonista hasta las orillas del Tumen, ya en territorio chino, a mandoblazo limpio y disfrutando de lo lindo con cada nariz cortada ( los japoneses de la época tenían una afición desmedida por calcular exactamente el número de enemigos caídos en batalla, por ello, cortaban la cabeza de todos y cada uno de los acuchillados y rematados oponentes; en el caso de la invasión de Corea, fueron tantos los caídos que, por una cuestión logística, sólo pudieros llevarse las narices) hasta contarse por números de 5 dígitos. Kato es el paradigma del guerrero carente de sentimientos, llegó a prohibir la música, la danza y los poemas ( tan queridos por lo japos) por afeminados y contrarios al régimen estricto del Bushido.
Alcanzó su máximo esplendor en la battalla de Sekigahara en la que Japón quedó completamente unificado, combatiendo bajo las órdenes de los Tokugawa y obteniéndo grandes porciones de tierra que le llegaron a reportar un montante de 500000 kokus.
Un burro que aparece en los grabados de época cazando tigres con una lanza y que obligaba a cometer seppuku al primero que le soplara en la oreja. Murió por instigación de Tokuwaga Ieyasu o a causa de la epidemia de varicela que azotó Japón en las primeras décadas del siglo XVII, contrariamente a lo que yo me esperaba que era siendo acuchillado en una emboscada o haciéndose el harakiri tras ser derrotado en una batalla ( Ran me marcó en demasía y el acto trágico y silencioso, realizado sobre el tatami de la forma más dolorosa posible, parece el más adecuado para este señor).

Para una biografía completa:
"El Siglo Ibérico en Japón" de Antonio Cabezas
www.samurai-archives.com
http://kiyomasa-kato.biography.ms/

Tuesday, March 01, 2005

Danzad malditos!!!

El Viernes pasado tuve el placer de asistir al espectáculo de danza contemporanea "Near Life Experience" del afamado coreógrafo francés Preljocac. Me comentaba mi amiga Marion lo privilegiada que se sentía, ya que habíamos adquirido las entradas unas escasas horas antes y esto en ciudades como París, donde la sensibilidad artística de sus habitantes entra en directa competencia con el número de asientos disponibles en teatros y salas y demases, resulta ciertamente inconcebible.

No acostumbro a consumir este tipo de espectáculos y me considero poco más que un batracio ignorante en el campo en cuestión pero desde mi, todavía cándido y virginal, punto de vista, el montaje fue la releche consagrada. Al son de la música de Air ( como no, estos franchutes siempre tan autosuficientes) se agitaban y relamían, en coreografías imposibles y bien memorizadas, unos bailarines de primer orden. El hilo conductor de los diferentes actos que vertebraban el show descansaba sobre impulsos universales tales como el amor, el deseo, el cortejo, el rechazo, etc... bien, bien, todo en su sitio y conceptualmente ordenado. La disposición de los actos resultaba la correcta para el perfecto entedimiento del mensaje ( simple) a transmitir. Los momentos de extásis rítmico y los de suave tranquilidad postorgásmica se sucedían alternatívamente, sin sobrecargar al espectador con coreografías barrocas ni perdese en excesos minimalistas, lo que a su vez permitía que uno pensara en su incapacidad para dejarse el omóplato tras la nuca, freír un huevo y hablar por teléfono al mismo tiempo y demás cosas por el estilo.
La sensación general era de pura atemporalidad, de realidad intangible, ya visible, ya no, en un abanico emocional que sólo en contadas ocasiones llegaba a rozar la sensiblería de anuncio de cacharel cacharel (todo un logro). Supongo que el espectáculo en sí podría decepcionar a los curtidos de la contemporánea y agradar al resto de los mortales y, como me cuento entre los segundos, a mí mismo. Y un montón.

A destacar las coreografías con ovillos de hilo que trenzaban los danzantes en una relectura del clásico juego de patio de colegio el cuál se trataba de hacer y deshacer figuras geométricas partiendo de un simple hilo y unos dedos ágiles.