Kato Kiyomasa, el quillaco samurai
Hay cientos de salvajes desconocidos en este mundo, centenares de bestias balcánicas, montones de contras nicaragüenses, alemanes desbocados y largos etcéteras. Entre esos anónimos constructores de yerros y aciertos, penas y glorias, matanzas y ceremonias encontramos a uno que particularmente llama mi atención: Kato Kiyomasa, Daimyo de la provincia de Higo, valorada en 250000 kokus y uno de los personajes más notables y novelescos del periodo Sengoku previo a la unificación empezada por Oda Nobunaga y concretada por los Tokuwaga, es decir hacia la segunda mitad del siglo XVI de nuestra era.
Nuestro entrañable personaje de hoy es conocido por su violencia, su ortodoxia en el Bushido, su fe ciega en la secta Nichiren que le llevó a participar de la más activa de las maneras en el holocausto cristiano en la isla de Kyushu y su conocido duelo personal con Niiro Tadamoto en la batalla de Sendaigawa al cuál derrotó y perdonó dada la celebridad como samurai del vencido.
Su vida es la propia de un aventurero general del periodo de los reinos combatientes: intrigante, sangrienta, incongruente a la japonesa y anónima fuera de los ciírculos culturales japoneses. Participó en uno de los episodios histórico más delirantes con los que he tenido el placer de encontrarme, la invasión de Corea por parte de las tropas combinadas de diversos Daimyos bajo el mandato del enloquecido Hideyoshi. Una guerra frenética y epiléptica que llevó a nuestro protagonista hasta las orillas del Tumen, ya en territorio chino, a mandoblazo limpio y disfrutando de lo lindo con cada nariz cortada ( los japoneses de la época tenían una afición desmedida por calcular exactamente el número de enemigos caídos en batalla, por ello, cortaban la cabeza de todos y cada uno de los acuchillados y rematados oponentes; en el caso de la invasión de Corea, fueron tantos los caídos que, por una cuestión logística, sólo pudieros llevarse las narices) hasta contarse por números de 5 dígitos. Kato es el paradigma del guerrero carente de sentimientos, llegó a prohibir la música, la danza y los poemas ( tan queridos por lo japos) por afeminados y contrarios al régimen estricto del Bushido.
Alcanzó su máximo esplendor en la battalla de Sekigahara en la que Japón quedó completamente unificado, combatiendo bajo las órdenes de los Tokugawa y obteniéndo grandes porciones de tierra que le llegaron a reportar un montante de 500000 kokus.
Un burro que aparece en los grabados de época cazando tigres con una lanza y que obligaba a cometer seppuku al primero que le soplara en la oreja. Murió por instigación de Tokuwaga Ieyasu o a causa de la epidemia de varicela que azotó Japón en las primeras décadas del siglo XVII, contrariamente a lo que yo me esperaba que era siendo acuchillado en una emboscada o haciéndose el harakiri tras ser derrotado en una batalla ( Ran me marcó en demasía y el acto trágico y silencioso, realizado sobre el tatami de la forma más dolorosa posible, parece el más adecuado para este señor).
Para una biografía completa:
"El Siglo Ibérico en Japón" de Antonio Cabezas
www.samurai-archives.com
http://kiyomasa-kato.biography.ms/
Nuestro entrañable personaje de hoy es conocido por su violencia, su ortodoxia en el Bushido, su fe ciega en la secta Nichiren que le llevó a participar de la más activa de las maneras en el holocausto cristiano en la isla de Kyushu y su conocido duelo personal con Niiro Tadamoto en la batalla de Sendaigawa al cuál derrotó y perdonó dada la celebridad como samurai del vencido.
Su vida es la propia de un aventurero general del periodo de los reinos combatientes: intrigante, sangrienta, incongruente a la japonesa y anónima fuera de los ciírculos culturales japoneses. Participó en uno de los episodios histórico más delirantes con los que he tenido el placer de encontrarme, la invasión de Corea por parte de las tropas combinadas de diversos Daimyos bajo el mandato del enloquecido Hideyoshi. Una guerra frenética y epiléptica que llevó a nuestro protagonista hasta las orillas del Tumen, ya en territorio chino, a mandoblazo limpio y disfrutando de lo lindo con cada nariz cortada ( los japoneses de la época tenían una afición desmedida por calcular exactamente el número de enemigos caídos en batalla, por ello, cortaban la cabeza de todos y cada uno de los acuchillados y rematados oponentes; en el caso de la invasión de Corea, fueron tantos los caídos que, por una cuestión logística, sólo pudieros llevarse las narices) hasta contarse por números de 5 dígitos. Kato es el paradigma del guerrero carente de sentimientos, llegó a prohibir la música, la danza y los poemas ( tan queridos por lo japos) por afeminados y contrarios al régimen estricto del Bushido.
Alcanzó su máximo esplendor en la battalla de Sekigahara en la que Japón quedó completamente unificado, combatiendo bajo las órdenes de los Tokugawa y obteniéndo grandes porciones de tierra que le llegaron a reportar un montante de 500000 kokus.
Un burro que aparece en los grabados de época cazando tigres con una lanza y que obligaba a cometer seppuku al primero que le soplara en la oreja. Murió por instigación de Tokuwaga Ieyasu o a causa de la epidemia de varicela que azotó Japón en las primeras décadas del siglo XVII, contrariamente a lo que yo me esperaba que era siendo acuchillado en una emboscada o haciéndose el harakiri tras ser derrotado en una batalla ( Ran me marcó en demasía y el acto trágico y silencioso, realizado sobre el tatami de la forma más dolorosa posible, parece el más adecuado para este señor).
Para una biografía completa:
"El Siglo Ibérico en Japón" de Antonio Cabezas
www.samurai-archives.com
http://kiyomasa-kato.biography.ms/

0 Comments:
Post a Comment
<< Home