weekender


Vaya un finde semana más movidito que se me ha venido encima. La verdad es que es para contarlo y acordarme mientras lo escribo.
El viernes por la noche me fuí de cena con un amigo cumpleañoso; el querido Piet, holandés errante, gigante y docto en leyes internacionales. Pues bien, apurando carajillos por lo orificios nasales, relamiendo copas de espíritu y aspirando humos de colilla me planté con una buena y sana cogorza a eso de las 3:30 y me dispuse a encaminarme para casas con ganas de sábana y sueños compensatorios. Ni corto ni perezoso me agarro las de Villadiego y piro por el carrer Carme hacia las Ramblas, incauto de mí. Recortados contra un fondo de farolas ví avanzar a unos 5 mossos de escuadra calientes, calentitos, recién salidos de la academia y con ganas de gresca. Ciertamente no buscaba pareja para esa noche, pero ellos sí. De lo del botellón ya ni me acordaba y, de repente, estaba escuchando los pelotazos de goma y las sirenas de las patrullas sibando por el Raval. Para cuando lleguá a la línea imaginaria que me alineaba con la muchachada encapuchada, recibí un par de bastonazos en las piernas que me dejaron un tanto patidifuso. Ciego de rabia y con el calor del güisqui, me detuve un momento a increpar a los antidisturbios. Que si esto que si lo otro y en estas me dan de nuevo: soy un miserable borracho con cara de quemar contenedores. Tras el percance me dirigí a las Ramblas para ver si encontraba a alguien con quien juntarme a tirar unas piedras a las furgonas y, súbitamente, Beirut. Gente corriendo, los mossos a porrazos con todo cristiano, chino, travestí y agnóstico que se pudieran encontrar; los "malhechores", lanzando piedras y quemando containers... un poema. La historia nos dice que Barcelona siempre ha sido una ciudad conflictiva, la experiencia vienen a confirmar el hecho.
Tras contar la batallita a varias personas, entretener a un par de guiris y un par de duchas,fui a parar al FEA FEST, un evento dedicado al electroclash, a las gorras de mercadillo y a las chaquetas de MIss Sixty. Vaya un lío más guays. Había un poco de todo, marranos, marranas, guays, guayonas, maduritos con hambre y niñatas hambrientas y, por descartado, agrupaciones corales de primer orden... santitos todos.
El primer grupo que me tragué fueron Las Corridas, un par de tías hablando de pollas, de conejos, tirando leche al público, mostrando lo genitales; todo sobre bases pregrabás amedio camino entre el bakalao de Bilbao y el breakbeat americano de los 80... creo que eran bastante virgo las dos, pero, por desgracia, no lo pude averiguar. Tras el concierto, me las encontré y me limité a preguntarles si sus padres las llevaron a un colegio de monjas, de esos de faldita y calentura.
Tras ellas, un par de barbaridades más hablando de Mitsibishis y ferraris, cantando al hedonismo más nihilista y descerebrado. Me fijé en un par de argeninos que se hacían llamar Que Out!, me llamó la atención la lástima que me dieron, con un discurso un tanto trasnochado entre tanta vacuidad cerebral. No, queridos rioplatenses, porteños y demases, no pega el intelectualismo con la modernez. Luego, The Movidas, que no estaban mal con su rap de Bart Simpson, insultando al público en calzones... me cayeron bien estos dos. Más copas, mas deambular y subieron al escenario las West End Girls que parecían le Tigre pero sólo cuando las segundas versionan "I'm so excited". De spock me quedé con sus trajes de Star treck y ya.
Uffff, vaya un finde.
