Melissa...
Nada más verla, cualquier imbécil de ojos estrábicos se daría cuenta de que era poseedora de ese tipo de belleza que presagia un desastre, un brillo en los ojos que refleja el grito ahogado de un cuervo... Como si la languidez de su gesto fuera la joya de un ahora eterno, lo cuál, para mi desgracia, no fue nunca así.
Luis, que alguien me preste un disfraz de huracán por favor.
Luis, que alguien me preste un disfraz de huracán por favor.

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